La historia que Shakespeare hizo inmortal ha sido puesta en música muchas veces. Berlioz, Bellini (“Il Capulettii e i Monteschi”), Tchaikovsky, Prokofiev y su gran ballet. Con todo, la ópera canónica que hoy se representa en todo el mundo se debe a Charles Gounod. Su fuerza melódica, unida a la técnica vocal que permite el lucimiento de los dos protagonistas, se ha impuesto. La historia de los amores contrariados por cuestiones de raza, religión, sociedad o familia se ha hecho universal. Adoptando toda clase de contextos temporales y formales hasta “A village Romeo and Juliet” de Delius o el “West side Story” de Berstein.
En Gounod y sus libretistas es esencial su respeto al original shakesperiano. La ópera lo pone en música sin cambios importantes en el devenir dramático. Una ópera clásica en la que, lógicamente, destacan los dúos de los dos amantes, de un lirismo pleno frente al amor. La violencia entre las familias, forma el contrapunto perfecto, que enlaza, como tantas veces, Eros con Tanatos.
Una derivación respecto de la obra de Shakespeare permite que Romeo y Julieta canten un último dúo. La muchacha despierta, ve a Romeo a punto de morir, se unen y después ella se suicida. En sus últimas palabras piden perdón al cielo. Se cumple así la característica más importante de la ópera, que es trazar esa historia de amor a través de los encuentros de Romeo y Julieta y sus distintas circunstancias.
El primer acto, el madrigal, música arcaizante. El segundo ya expresa los sentimientos amorosos de cada uno de ellos. El tercero es enormemente sensual, las voces se unen en la noche del himeneo, los cuerpos se conocen por primera vez, el último es el que certifica el triunfo de la muerte que llega desde ese amor pleno que apenas ha comenzado a nacer.
Eros y Tanatos Dualidad entre esas escenas liricas, en las que se suspende el tiempo, y las de lucha colectiva. De un adagio a un presto. Alternancia que se decanta por la exaltación del amor frente a la violencia y al odio entre familias. La relación de Romeo y Julieta habla de una juventud diferente que encuentra la pasión en el sentimiento. El atrevimiento de Romeo para entrar en la fiesta de la familia enemiga se dulcifica desde la aparición de Julieta y su mirada. Gounod encuentra el hilo conductor de su partitura desde ese mismo momento.
La famosa aria de Romeo “Ah, leve toi, soleil” y su airoso antes de su muerte, así como la de Julieta en el IV acto, completan los magníficos dúos, el terceto y el quinteto. Brillante es la “Ballada de la Reina Mab” que canta Mercucio. Los cuplés del viejo Capuletto y de Stephano forman el tejido armónico de esta ópera que tuvo hasta cuatro versiones antes de llegar a la composición definitiva.
La pareja protagonista requiere voces de calidad y arte de la interpretación.
La gran historia de amor que teatro, ballet y cine han utilizado tiene en esta ópera su plenitud uniendo Shakespeare, el genio, con un importante músico capaz de encontrar esa lirica poesía del amor tronchado por la violencia y la sinrazón.
Fernando Herrero